• Verónica Hontecillas

Felicidad, qué bonito nombre tienes; pero a veces no sabemos dónde te metes.

Hoy es el Día Internacional de la Felicidad, un buen día para reflexionar sobre ella y para entender que la felicidad no se adquiere comprándola, sino que, como decía Gandhi "la felicidad se alcanza cuando, lo que uno piensa, lo que uno dice y lo que uno hace están en armonía". Hoy pude ser un buen día para analizar el nivel de felicidad que tenemos en todos los ámbitos de nuestra vida y para descubrir cómo elevar esos niveles cuando aparece cualquier circunstancia que nuble nuestro bienestar.


¿Qué es realmente la felicidad?


Cada persona tiene su propia definición, pero hemos escogido dos referentes en este ámbito tan abstracto y a la vez, tan conocido.


• Eduard Punset definió la felicidad como "la ausencia de miedo, un sentimiento que nos paraliza y que nos impide reaccionar, además de causar la interrupción de nuestro propio crecimiento".

• Martin Seligman en su obra maestra "La auténtica felicidad" asocia este concepto a la combinación única de lo que él llamó “fortalezas distintivas”, como el sentido de humanidad, la templanza, la persistencia y la capacidad de llevar una vida significativa.


Pero, ¿cómo se traslada el concepto de felicidad al mundo de la empresa? En los últimos años la felicidad se ha convertido en un valor referencial. Cada vez son más las organizaciones que incluyen en su filosofía el concepto del wellness o del wellbeing. Buscan crear una cultura de bienestar organizacional que, además, les permita ganarse el estatus de Empresa Familiarmente Responsable (efr). Para estas compañías las personas son su recurso más valioso y el bienestar es su cuenta de resultados. Pero, aunque es una tendencia cada vez más presente en las compañías exitosas del siglo XXI, a día de hoy todavía existe un número significativo de Comités de Dirección que cuestionan la eficacia y eficiencia de introducir el concepto wellbeing en sus organizaciones y, por tanto, promover la felicidad de sus empleados dentro y fuera del entorno laboral. En la mayoría de las ocasiones esta decisión se justifica con la incertidumbre sobre el retorno de inversión de esta estrategia de bienestar.


Pero los beneficios son evidentes. Según el estudio Happiness at Work que realizó Jessica Pryce-Jones en 2010, las entidades que instauraron estas líneas de actuación dentro de su plan estratégico lograron un crecimiento significativo en la mayoría de sus ratios. La productividad creció un 18%, el absentismo se redujo en un 37% y la rotación también bajó entre un 25-50%.

Por el contrario, y según un análisis de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aquellas corporaciones que gestionan el personal de manera tradicional generan un mayor nivel de estrés, ansiedad, desmotivación y apatía. Estas situaciones se producen como consecuencia de acciones alineadas con la esclavitud de los informes para reportar, la presión constante sobre el trabajador y el control exhaustivo de los empleados. En definitiva, en utilizar la filosofía de Thinkers vs Doers, donde uno piensa y los demás obedecen y que conduce a trabajos repetitivos y monótonos en los que no se conoce el objetivo definido del trabajo realizado.


En Fundación Humaniza contamos con el certificado efr que acredita nuestro compromiso con el wellbeing. Acompañamos a las organizaciones que apuestan por la felicidad de sus trabajadores a través de una visión más amplia de conciliación y flexibilidad, promoviendo la igualdad, la diversidad, la inclusión, la responsabilidad social, el compromiso y la implicación emocional de las personas que forman el grupo. Es decir, aquellas empresas que no se olvidan de lo que verdaderamente importa: la salud, el bienestar y la familia.


“QUEREMOS HACER DE NUESTRO MUNDO, UN MUNDO MÁS HUMANO”



Verónica Hontecillas Villar

Chief Happiness Officer.

Mentor Coach experta en Inteligencia Emocional y Adolescentes.

Experta Universitaria RRHH (gestión de personas y conciliación).



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